Heroína
Nunca una cruz en el mismo lugar.
Nunca una llama con igual poder.
La noche que comenzó
como néctar de melocotón
en dulzura de tu esplendor celta.
Silueta depredada por mis ojos...
Mis muñecas sangran en mi espalda
por la fuerza que arrastra la cobardía del momento
y una siniestra sombra se apodera de tu danza...
...violencia desbocada contra las paredes
que encierran mi alma,
hiere los nudillos mi imaginación
y luces de colores que confunden la razón...
Hermosa gris acero
que estrangulas con tus ojos mi antebrazo,
fluye por mis venas tu veneno...
quise ser hijo del sol
pero sólo me converti en llaga.
Y te busco, con mi mirada acristalada
por el suave martilleo del tiempo,
y maldigo las sombras que te acechan,
e invoco como un loco al Espíritu de Muerte
para que de las alimañas te proteja.
En un portal me despierto
de un callejón solitario,
cuarteó la luna mi último pensamiento
sobre la esquina que doblaste acompañada.
Y lloré aquella mañana
el ácido deseo
del que fuere mi último viaje...
u.p.m., noviembre de 1999
A la memoria del poeta Enrique, que no pudo despertar en el portal.
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