Retrouvailles

Bajo un empedrado gris
por angostas calles
errática viajaba mi alma,
en dulces momentos
salvándote
como de manantial agua
que entre los dedos
se escapa.

Y despejando en la mirada
aquella tumultuosa soledad
hallé en el suelo, hecha jirones
una triste hoja embarrada.
Su frágil cuerpo
dibujaba
como de Calvario sombras
y sus azules versos
fluían turbios
por entre las baldosas.

Traté a duras penas
de leer aquellas estrofas
desleídas…

…Y sonreí…
porque aún con su métrica
herida de muerte
pensé: cada verso,
en el tiempo
cincelado está ya
a fuego.

Luego una profunda pena
me invadió
cuando reconocí
que aquel viejo poema
te lo había escrito yo…

u.p.m., julio de 2009

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