Y a la luz del crepúsculo serena
solos vagar por la desierta playa,
cuando allá, mar adentro, en su faena
cantos de amor el marinero ensaya,
y besa blandamente el mar la arena,
la luna en calma al horizonte raya,
y la brisa que tímida suspira,
dulces aromas y frescor respira.
Y húmedos ver sus ojos de ternura
que abren al alma enamorada un cielo,
extáticos de amor y de dulzura
con blando, vago y doloroso anhelo:
Magia el amor prestando a su hermosura,
y el pensamiento deteniendo el vuelo
allí donde encontró la fantasía
ciertas las dichas que soñó algún día.
Y respirar su perfumado aliento
y al tacto palpitar sus vestidos,
penetrar su amoroso pensamiento
y contar de su pecho los latidos,
exhalar de molicie y sentimiento
tiernos suspiros, lánguidos gemidos,
mientras al beso y al placer provoca.
Con dulce anhelo la entreabierta boca.
Luis Senra y Palomares, a.k.a. José de Espronceda