El día que dejó de llover
La mañana del día que dejó de llover
gotas de agua, sangre y hiel
se escurrían por mi cuello,
y por mis codos y rodillas descarnados.
La soga del verdugo esperando,
mi alma aún ansiaba
el pecado de tus labios,
pero la razón ya me había condenado.
La tarde del día que dejó de llover
aún liberar me creía
sólo por arrancar un ramo de orquídeas
para ti.
Lluvia en tardía primavera
-espúrea- viendo yacer torturado
mi cuerpo sobre el cadalso,
apenas lágrimas de plañidera.
Pero el verdugo llegó.
El día que dejó de llover.
El día
en que dibujabas en mi corazón
con tierna mirada, dulce sonrisa
mi estigma de perdedor…
de tan sólo dos vértices, triangular
ponzoñoso penetra
en mi pecho ese cristal.
Se cierran
suplicantes, mis ojos al dolor,
pero al mejor bufón de la corte
prohibido le está llorar.
Horizonte de ira y fuego,
arrastra la marea el sol a su tumba
mi barca con él, el viento empuja
guiada por de tus pupilas,
la luz
que se alejan de mi
bajo el férreo puente azul.
Canta la gaviota, divertida:
“¡vulgar destino!” -justo es,
triste y mediocre
fue mi vida.
En el nuevo amanecer
sueñas hermosa
en tu cálido lecho acompañada
mientras lejos de la costa,
últimos espasmos
de dolor y frío…
… recuerdos enterrados
bajo del salitre aroma
ahora el mar será mi exilio…
… algún día volverá a llover…
u.p.m. 19-VI-2007