Este segundo comentario sobre las Elecciones Municipales se va a referir a la capital. Desde luego, no puedo hablar a fondo de la totalidad de Coruña como ciudad, porque no vivo en ella, aunque sí paso mucho tiempo.
De esas muchas horas que paso cada semana, de las más interesantes son en las que participo en el proyecto de apoyo escolar que la Oficina de Cooperación y Voluntariado de la UDC tiene en el Portiño. Llevo ya cinco años en ese proyecto, y le tengo mucho cariño a las gentes de ese barrio humilde, pero ejemplar.
Las clases y los juegos que compartimos con los niños los realizamos en lo que era el antiguo colegio del Portiño. Este colegio es propiedad municipal. Por lo tanto, el Ayuntamiento es responsable de su mantenimiento. Pues bien, hace ya demasiado tiempo que el ayuntamiento dejó sus responsabilidades. Y así, desde hace tres años venimos reclamando que se haga una reparación de las tuberías de desagüe, ya que son tan antiguas que acusan algo más que pérdidas. No podemos usar el agua corriente, por lo tanto. De los aseos, ¿para que hablar? desde que llegué nunca funcionaron. Las condiciones higiénicas son lamentables, y ello nos impide, entre otras cosas, ayudar en la eduación de hábitos de higiene de los niños.
La excusa que tienen para mantener el colegio en tales condiciones es que en no demasiado tiempo será derribado como todo el barrio, para dar paso a la Tercera Ronda de la ciudad. La misma excusa, supongo, en la que se escudan para que, a pesar de que el año pasado los puse verdes en público (en las Jornadas sobre Chabolismo e Infravivienda que se celebraron en la Facultad de Sociología) y de frente (estaba presente la técnico social del Ayuntamiento Regla Dávila), los niños sigan sin una zona de juegos. Unos columpios no deben costar más de 300 euros. Muchísimo menos de lo que ha costado la arielita (ascensor-trampa del Monte San Pedro). Uno, dos, tres años pueden significar bien poco en la vida de un adulto, pero son una eternidad en la vida de un niño. No pueden seguir esperando, por tanto, a que se acabe la próxima obra faraónica de los socialistas+nacionalistas en la ciudad donde nadie es forastero pero en la que unos son más ciudadanos que otros.